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Semillas: de la siembra al trasplante

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Cuántas semillas poner en cada hoyo, a qué profundidad, si conviene semillero o siembra directa y cuánto aguantan guardadas.

El recipiente

Podemos usar muchos tipos de recipientes. Desde recipientes reutilizados como botes de yoghurt hasta bandejas de cultivo con alveolos. Si reutilizamos recipientes no debemos olvidar hacer un agujero para el drenaje.

Desde hace pocos años existen algunos recipientes que permiten trasplantar sin tener que sacar la planta del tiesto. Por ejemplo los botes de turba son suficientemente resistentes para poder cultivar la planta pero cuando se plantan al huerto se deshacen y permiten que las raíces se desarrollen.

Otro tipo de recipiente es el jyffi, un taco de turba que cuando se hidrata se hincha y forma un pequeño cilindro.

Suelen tener un pequeño agujero para poner la semilla y, de la misma manera que los botes de turba, se planta enteros.

El transplante

El cultivo en semillero es más delicado que el huerto. Las plantas y los recipientes son pequeños y, por tanto más sensibles secadas, fríos y cualquier otro problema.

El trasplante se realiza cuando las raíces ya han colonizado todo el recipiente. Esto sucede cuando el tamaño de la planta es similar al del recipiente. Por lo tanto, si realizamos el semillero en recipientes grandes podemos esperar más tiempo al trasplante. Por ejemplo, una lechuga en un pote de 1 litro puede tardar a trasplantarse hasta 5-6 semanas. En consecuencia, el tiempo de cultivo en el huerto será más corto.

Procuraremos plantar a la distancia recomendada para cada especie.

Introducción

Habitualmente los huertos en balcones y terrazas son pequeños. Suelen estar formados por varias jardineras o una o pocas mesas de cultivo. Por lo tanto, la cantidad de plantas es reducida y la cantidad de semilla que se necesita para hacer las siembras cada temporada es muy poca.

Por ejemplo, un sobre de semilla biológica de lechuga contiene alrededor de 0,5 gramos de semilla. Esto significa unas 300 a 400 semillas. Aunque a menudo se utilizan de 2 a 3 semillas para asegurar la nascencia de cada planta que sembramos, la cantidad de plantas que se puede obtener con un sobre es muy elevada si lo comparamos con las necesidades de un pequeño agricultor urbano.

Independientemente de si hemos comprado la semilla o la hemos obtenido de las plantas de nuestro huerto, siempre existe la necesidad de conservar una parte de la semilla para próximas temporadas de siembra.

En un Huerto Urbano se necesita una cantidad pequeña de semilla.

La Conservación

La semilla no puede conservar su capacidad de germinación de forma indefinida. El mantenimiento de la viabilidad de la semilla depende mucho de las condiciones de almacenaje. Las semillas hortícolas deben conservarse secas, en un lugar fresco y protegido de la luz. Debemos seguir los siguientes consejos:

La semilla se debe conservar con el mínimo de humedad posible, si se nos ha humedecido debemos dejarla secar en una bandeja. Después se guarda en un recipiente hermético para evitar que se vuelva a humedecer. Par disminuir la humedad se puede añadir gel de sílice dentro del recipiente de conservación.

El lugar de conservación debe ser fresco, la nevera es un espacio óptimo para la mayoría de semillas siempre que el recipiente o la bolsa esté herméticamente cerrada, en caso contrario se puede malograr.

En el recipiente o bolsa escribiremos la fecha, la especie y el origen de la semilla.

Cuando queramos utilizar la semilla después de un periodo largo de conservación podemos hacer una prueba de germinación para asegurarnos de su viabilidad. Se trata de poner algunas semillas en varias capas de papel húmedo, a una temperatura de 20-25º (en el interior de casa) y observar la germinación después de una o dos semanas.

La Viabilidad

La viabilidad de la semilla es la capacidad que tiene de germinar y dar lugar a una nueva planta. Las semillas pueden mantenerse viables un número muy variable de años, des de uno hasta 10 o más años. Un lote de semillas no pierde su viabilidad de forma repentina. La proporción de semillas capaces de germinar disminuye progresivamente a lo largo de los años. Esta disminución de la viabilidad depende mucho de las condiciones de almacenaje y, por lo tanto, es difícil decir el número de años que se puede conservar la semilla de una especie determinada. A pesar de esto, en la siguiente tabla damos una orientación del tiempo medio de conservación de diferentes especies.

La germinación

La semilla está preparada para sobrevivir muchos años antes de germinar. En cierta manera está como dormida. Para romper este sueño y empezar a germinar necesita una temperatura y humedad adecuadas.

En general las plantas de verano como el tomate, la berenjena o la calabaza suelen necesitar temperaturas más cálidas para germinar, del orden de 20-25ºC, mientras que verduras de primavera o otoño como la lechuga, el haba o las coles pueden germinar a temperaturas de unos 15ºC.

La mayoría de hortalizas germinan en menos de una semana si las condiciones de humedad y temperatura son buenas. Algunas, como la zanahoria, el apio o el perejil son más lentas. El perejil puede demorar hasta un mes. Poner las semillas en remojo unas horas antes de la siembra es una manera eficaz de acelerar la germinación.

De la semilla sale una semilla plantita que tiene unas hojas embrionarias diferentes de las hojas normales. Son los cotiledones. A esta plantita incipiente la llamamos plántula y en la mayoría de hortalizas tiene dos cotiledones.

Durante los primeros días la plántula es muy delicada y debemos vigilar especialmente que no se seque. Una bandeja de germinación con tapa o un pequeño mini invernadero puede ayudar a evitar la desecación y las bajas temperaturas de la noche.

Profundidad de siembra

Una norma general es que la semilla se tiene que enterrar entre una y dos veces su diámetro. Si se siembra demasiado profundo le costará mucho salir, en cambio, si se siembra muy superficialmente puede ser que la semilla se seque y no germine.

Por lo tanto, semillas grandes como la judía o el haba, se pueden enterrar entre 1 y 2 cm de profundidad. Mientras que semillas pequeñas como la lechuga o la tomatera deben estar a 1 o 2 milímetros, casi superficialmente. En general tenemos tendencia a enterrar demasiado las semillas.

¿Cuantas semillas pongo?

En teoría una semilla da lugar a una planta y, por lo tanto, no deberíamos poner más. Pero en la práctica sucede que según la calidad de la semilla y el manejo puede pasar que no todas las semillas germinan. Por lo tanto suele ser habitual poner dos o tres semillas para asegurarnos.

Si ponemos varias semillas puede pasar que germinan muchas y tenemos que aclarar y dejar una sola planta. Esto es importante cuando no nos conviene tener dos plantas juntas, como en las hortalizas de raíz (zanahoria, rábano, remolacha) o en otras como la lechuga. En otras especies no es tan importante ya que, a pesar de tener más de una planta, es como si hubiera una sola (sería el caso de la judía o el guisante).

¿Que es la semilla?

En el lenguaje vulgar y a veces también en el lenguaje comercial, la semilla es "cualquier cosa" que sirve para reproducir una planta. Por ejemplo, los tubérculos de la patata o los dientes de ajo a menudo se nombran como semillas, pero si hablamos con propiedad, no son semillas. Desde un punto de vista más estricto y botánico, las semillas son el resultado de la fecundación del ovario de una flor femenina por el polen de otra flor o de la misma flor. Las semillas son estructuras vegetales secas ya que tienen un contenido de humedad que suele ser menor del 10%. Están formadas por un embrión, que son las células que darán lugar a la futura planta, y por otros tejidos que tienen la función de proteger o alimentar el embrión en el momento de la germinación.

Se dice que la semilla es un ser vivo ya que, mientras es viable, respira y mantiene la capacidad de germinar. La germinación de la semilla dará lugar cuando haya humedad en el suelo. En algunas especies para inducir la germinación también es necesario una época más o menos larga de frío o que la cubierta de la semilla se degrade para permitir su hidratación. No es este el caso de las hortalizas, ya que solo con humedad y una temperatura adecuada según cada especie, es suficiente para provocar la germinación.

¿Semillero o siembra directa?

Sembrar directamente en el huerto o hacer un semillero en un recipiente más pequeño es la primera pregunta que debemos resolver antes de empezar.

Realizar un semillero tiene dos ventajas importantes: reduce el tiempo de cultivo y ademas permitimos que la hortaliza empiece con ventaja respecto a las malas hierbas que pueden hacerle la competencia. El inconveniente más importante es que el semillero es delicado y que algunas plantas pueden tener problemas durante el trasplante ya que son sensibles a los daños en las raíces.

Algunas especies son muy resistentes al trasplante, por ejemplo la lechuga o las coles, y tradicionalmente se trasplantaban a raíz desnuda. Otras plantas como el calabacín, la sandía o el pepino son más sensible al trasplante y solo se puede hacer semillero en un taco de sustrato y lo trasplantamos con todas la raíces enteras.

Algunas hortalizas como la zanahoria o el rábano no se suelen hacer de semillero por que es fácil que se dañen durante el trasplante. Las zanahorias suelen salir un poco deformes y los rábanos pequeños. Aún así, es posible usar el plantel si tenemos mucho cuidado en el momento del trasplante.

Como conclusión podemos afirmar que todas las hortalizas se pueden hacer con plantel pero que en algunas deberemos tener más cuidado que en otras en el momento del trasplante.

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